Mauro González Rivera dedicó más de sesenta años al periodismo poblano. Su hijo, Luis Alberto González, integrante de Los Ocho en Generación XX—XXI, comparte con nosotros el segundo número de Anecdotario Político, la columna donde su padre narraba, desde adentro, la política de Puebla. Lo publicamos tal como Mauro lo escribió, como homenaje a su trayectoria.
De Don Mario a Musalem: “¡Hay que meterse duro al despacho, César!”
El tiempo de permanencia en el medio político da la oportunidad, muchas veces, de conocer de cerca a los personajes que, como delegados políticos, hacen de las entidades federativas, después del gobernador, un coto de poder. Todo esto, según su capacidad, experiencia, confianza y amistad que tenga con el mandatario.
En esta ocasión, junto con el colega del periódico Cambio, el amigo de toda la vida Gabriel Sánchez Andráca, recordamos algo anecdótico en donde el protagonista principal fue el experimentado político veracruzano Mario Vargas Saldaña.
“Tú eres bueno para contar las anécdotas que hemos vivido porque tienes la virtud de gesticular bien y hacer las imitaciones de los personajes. Échate aquella de don Mario y nuestro cuate Musalem, porque les encanta a los grillos.”
Cuenta Gabriel:
“Sentados en una mesa del restaurante ‘Las Acamayas’ del Paseo Bravo, donde íbamos a comer, nos encontrábamos Vargas Saldaña, César Musalem y yo. De pronto, el intempestivo silencio en la mesa se rompió cuando el abogado mixteco (Musalem nació en Matamoros) preguntó al delegado del PRI:
‘Don Mario, usted es mi amigo. Gabriel es mi hermano. Estamos en confianza y quiero que me conteste una cosa: ¿cómo ve mi futuro con Mariano Piña Olaya?’
El político veracruzano lo observa fijamente al rostro y le responde con su habilidad característica, pero devolviéndola con una pregunta de su cosecha:
—¿Te ha llamado últimamente el candidato, César?
—¡No, señor!
—¿Te ha preguntado algo?
—¡No, señor!
—¿No has hablado para nada con él?
—Lo he saludado un par de veces en actos públicos, señor.
—¿Cómo son tus relaciones con Jiménez Morales, Alberto?
—Me saluda y lo saludo, señor.
Después de una pausa, y sin dejar de mirarlo de frente, cara a cara, le da una prolongada fumada a su cigarrillo y, luego de tomar un sorbo de café, le da a César unas palmaditas en la espalda y le suelta, sin más protocolo que sus palabras francas y directas:
—¡Hay que meterse duro al despacho, César!”
Estas charlas que se dan entre amigos dan la oportunidad de conocer una y mil anécdotas de los personajes de la política que hemos tenido la oportunidad de tratar, tanto Gabriel como yo, gracias a las relaciones públicas que se establecen con esos políticos que, finalmente, son de carne y hueso como nosotros.