Durante más de siete décadas seguidas (1929-2000), y prácticamente sin alternancia de otra fuerza política, nacido de la Revolución Mexicana, el PRI generó una ostentosa, onerosa y corrupta clase política. Y como los principales políticos y funcionarios del país eran de filiación priista, mucha gente llegó a pensar ingenuamente que la corrupción era patrimonio exclusivo del tricolor.
Ciertamente, los abusos tanto económicos como políticos de esos gobiernos ocasionaron un desgaste político a ese partido y un descrédito que perdura hasta nuestros días.
Uno de los principales errores del PRI fue la sangrienta represión del movimiento estudiantil de 1968, fruto del autoritarismo y la torpeza del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.
- 1968
- Represión del movimiento estudiantil, bajo el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.
- 1988
- El PRI estuvo a punto de perder la presidencia, tras la salida de sectores progresistas encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas.
- 1989-92
- Bajo Salinas, el PAN llega a las gubernaturas de Baja California, Chihuahua y Guanajuato.
- 2000
- Vicente Fox y el PAN ganan la presidencia, tras siete décadas de gobiernos priistas.
- 2012
- El PRI regresa a la presidencia con Enrique Peña Nieto.
Veinte años después, en 1988, y luego de la salida de personajes y sectores progresistas encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas, el PRI estuvo a punto de perder las elecciones presidenciales.
Para esas fechas, el gobierno había resentido, a la vez, las consecuencias de sus conflictos con poderosos sectores empresariales y el descrédito, la corrupción y el nepotismo de influyentes personajes en los sexenios de Luis Echeverría Álvarez y de José López Portillo.
Carlos Salinas de Gortari llegó al poder arropado por la jerarquía católica, encabezada por el ultraconservador pontífice Juan Pablo II, y por el derechista Partido Acción Nacional.
Al amparo de Salinas, los panistas llegaron a varias gubernaturas, como Baja California, Chihuahua y Guanajuato.
El apoyo del entonces presidente Salinas —quien gobernó contra los intereses de su propio partido— así como la tendencia mundial hacia la derechización de la política a raíz de la caída del bloque socialista, favorecieron el fortalecimiento de la derecha que llegó a la presidencia de México en el año 2000.
Fox llegó al poder con el apoyo de algunos medios masivos de comunicación, del empresariado y de los sectores más conservadores del clero católico.
Y llegó con la consigna de un “cambio” que, según rezaba, haría a la gente más honrada y feliz solo por obra de la salida del PRI de la residencia presidencial de Los Pinos.
Pronto se vio que tal consigna era mera publicidad; la corrupción y el nepotismo florecieron con renovada fuerza, encabezados ahora por otros personajes y otro partido.
Luego de dos sexenios de corrupción, latrocinio y abusos de mandatarios panistas —estos sí bendecidos por sus aliados del clero católico—, el gobierno volvió a manos del PRI, con el presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018).
Su gobierno tuvo que enfrentar, a la vez, las críticas de una derecha que buscaba retomar el poder, con todos sus beneficios, y de una izquierda que goza de una popularidad cada vez mayor en virtud de sus promesas de apoyos sociales para los sectores vulnerables de la sociedad mexicana.
Escándalos de corrupción, como la adquisición de una lujosa casa que compró la esposa del presidente a un contratista preferencial del gobierno, así como la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa y numerosos casos de violencia e impunidad, fueron motivo de críticas cotidianas contra el gobierno.
La preponderancia de que gozó el PRI en otros tiempos es hoy en día un mero recuerdo. Pero, aún en su menguada posición, siguen registrándose casos de corrupción por parte de políticos y personajes vinculados a ese partido.
Periodista, escritor, docente e investigador. Ha ejercido el oficio durante más de seis décadas. Fue director de Comunicación Social de la BUAP, reportero y fundador de medios de comunicación. Escribe Plaza de la Democracia en G XX-XXI.
