Xavier Gutiérrez Téllez, columnista de Los Ocho en G XX-XXI, comparte con Memoria Viva tres anécdotas de la política poblana que ha escuchado o vivido a lo largo de más de seis décadas de oficio periodístico.
La anécdota siempre ha sido un elemento valioso para entender mejor un hecho. También para comprender la condición humana de personajes. Inclusive como recurso didáctico para contar la historia, transmitir valores o aconsejar de manera elegante.
Por muchos, la anécdota es considerada “la madre de la historia”.
Entre tantas anécdotas que he escuchado o vivido, traigo a cuenta estas.
El protagonista fue don Amado Llaguno, un personaje singular en Puebla. Fue diputado federal y secretario de Finanzas, pero por sobre todo era un hombre simpático, magnífico humorista y, por todo ello, con un sinfín de amigos.
A veces, así se presentaba: extendía la mano y decía: “odiado por los hombres, amado por las mujeres”.
Cuando fue diputado, el coordinador de la diputación federal poblana era el abogado Carlos Palafox, hombre respetado y de buena reputación. El líder nacional de los diputados y presidente del Congreso era Eliseo Mendoza Berrueto, un coahuilense economista con una notable carrera política.
Fue catedrático en la UNAM, senador, gobernador, autor de más de diez libros y con honores en el extranjero. Una destacadísima figura política en su tiempo.
Una noche en la Ciudad de México, durante una cena de la diputación federal poblana con su dirigente nacional, Eliseo, don Amado sorprendió a todos con una de sus puntadas de ingenio. Pronunció unas palabras y remató:
“Compañero Eliseo, a los poblanos no nos podría haber ido mejor; ahora mismo estamos bajo el amparo de Palafox y Mendoza.”
Obvio, se refería a Carlos Palafox y Eliseo Mendoza. Todos soltaron la carcajada.
El destino no tiene sustento científico. No determina vidas, pero ocupa un pequeño espacio en el curso de la existencia. Es aceptado que solo el hombre determina sus pasos… aunque en ese caminar el destino tiene un sitio pequeño, coopera. A veces para bien, a veces para mal.
El político poblano Pericles Olivares, excelente orador, mejor abogado, recibió la invitación del presidente municipal de Puebla, Guillermo Pacheco Pulido, para ser su secretario particular, una posición relevante para un joven profesional. Al día siguiente acudió temprano a la cita, pero ocurrió que, al cruzar la calle del zócalo, frente al palacio municipal, lo atropelló un ciclista.
El impacto fue terrible. Perdió el conocimiento y quedó tendido en el pavimento. Llegó una ambulancia y lo llevó a un hospital, con una conmoción que lo mantuvo internado dos o tres días. Tiempo breve, pero la oportunidad se había marchado.
Al alcalde le urgía nombrar a su secretario y le encomendó la tarea a Mario Marín. De este modo, tales circunstancias le abrieron una puerta a Mario, que años después lo conducirían al portón del Palacio de Gobierno, en Reforma.
Las puertas lo acompañaron, pues, en la buena fortuna, que hoy quisiera que se abrieran nuevamente… porque son las de una prisión.
Cuando el abogado Jesús Morales Flores (hermano de Melquiades) era director de Gobierno dentro de la Secretaría de Gobernación del Estado —la que tenía nada menos que el control político de la entidad—, de vez en cuando llegaba a visitarlo su señor padre, don Melquiades Morales Montero, un hombre de origen campesino y vestido de manera sencilla.
Cierta ocasión, como otras veces, llegó a la antesala de Jesús y, como era común, había muchas personas en espera de audiencia para tratar asuntos “de la gobernación”. Don Melquiades vio una silla vacía, colocó su sombrero de un lado, en el piso, y se puso a esperar.
Un auxiliar lo identificó y solícito le dijo:
—”Don Melquiades, venga usted para acá, lo paso de inmediato con el director…”
Con toda decencia, pero con firmeza, el visitante le dijo:
“No, muchas gracias, no te molestes… hay aquí varias personas que vinieron antes que yo, tienen que pasar primero, yo me espero. Ni le avises a Chucho, por favor…”
Esa era la forma de ser de un hombre de pueblo, el patriarca de la familia Morales. Y, como se recuerda, el estilo se hereda.
Periodista, originario de Tochtepec. Reportero, director de medios impresos, conductor de radio y televisión, articulista y caricaturista. Premio Nacional de Periodismo Ricardo Flores Magón 2023, por 66 años de trayectoria. Autor de Ideas para la vida, Dichos y refranes disfrazados y Saberes y Sabores.